2.11.08

El Niño Inocente de la Guardia. Comedia famosa en tres actos.



Teatro Cervantes de Alcalá de Henares, hoy convertido en un cine. Es el más antiguo que se conserva en España. Fue dedicado como Corral de Comedias en 1602, en la época de Lope de Vega y Cervantes.

Si imagináramos la historia de la industria del entretenimiento español como una gran cine y retrocediéramos en el tiempo a medida que avanzáramos entre las butacas, al llegar a la pantalla estaríamos en 1896, el año del nacimiento oficial del cine español. Pero si echáramos un vistazo detrás, tendríamos ante nosotros la visión de los carromatos y escenarios improvisados de cuatrocientos años de teatro español, con todos sus vicios, particularidades y virtudes. Además de ciertos términos (escena, secuencia…) en aquella época nació una novedad que desde el primer momento adoptó el cine: dividir una obra en tres partes, o actos, en lugar de en cinco, como se hacía en el teatro griego. Lope de Vega y Cervantes siempre pelearon por ser ellos los inventores. Aunque los dos tienen que reconocer que en España, eso se hacía desde el siglo XV. Unas cuantas generaciones de filólogos se han esforzado por escudriñar la génesis del invento. ¿Tal vez fue Lope de Rueda? ¿O quizás vino desde Italia de la mano de los poetas valencianos lo de dividir la obra en tres partes? Sería interesante plantear a los interesados en esta difícil cuestión, nuevos documentos del siglo XV. Por ejemplo, las confesiones de 8 hombres, 6 conversos y 2 judíos, que reconocieron haber matado a un niño en un ritual judío secreto. Porque ese texto de las confesiones, es el guión de un espectáculo mucho mayor, el de su juicio, que finaliza con su condena y ejecución en la hoguera el 16 de noviembre de 1491 y lleva la impronta de las tradiciones teatrales españolas. Y en cuanto a sus autores, los padres inquisidores Pedro de Villada, Juan López de Cigales y fray Fernando de Santo Domingo, conviene entender el término “autor” en el contexto de la época, donde la palabra designaba al productor. El argumento de aquel inverosímil crimen ritual era, sin embargo, lo suficientemente truculento y poderoso como para que, más de cien años después, cuando ya no quedan judíos en España, Lope de Vega lo eligiera para una de sus obras: “El Niño Inocente de la Guardia”, escrita y representada en algún momento entre 1604 y 1617.




"Niño Inocente de La Guardia", comedia famosa de Lope de Vega basada en un supuesto caso real sucedido más de cien años antes.

Lope de Vega remitió en 1609 a la Academia de Madrid un desafiante manual en verso de cómo hacer estas nuevas comedias, el “Arte nuevo de hacer comedias”, a la española. Y dice: “Hubo comedias paliatas, mimos,/togatas, atelanas, tabernarias,/que también eran, como ahora, varias”. El proceso del Inocente Niño es una adaptación a la española de una comedia “palliata”; una adaptación de una obra anterior. En este caso particular, las leyendas sobre desapariciones de niños asesinados por los judíos que se remontan a la Edad Media y que adquieren su forma escrita culta en las Partidas de Alfonso X el Sabio, pero que están desperdigadas en leyendas populares desde mucho antes. La leyenda dice que para la Pascua, se rapta a un niño para representar en él, todas las torturas la crucifixión. El macabro ritual finaliza con la muerte del niño y el uso de su corazón para realizar un macabro conjuro, una anti-misa. Esta leyenda está fundamentada en una contradicción en términos: si le dieran valor a la misa, aunque fuera para profanarla, los judíos que lo hicieran dejarían de serlo. Y en cuanto a la sangre, no ya la humana, sino que la ingestión de cualquier sangre es una de las siete reglas que en el Judaísmo se supone de cumplimiento universal, no sólo para los judíos. Pero no hay que dejarse vencer por estos detalles a la hora de elegir el tema, porque como advierte Lope: “Elíjase el sujeto y no se mire/(perdonen los preceptos) si es de reyes”. Y los Reyes Católicos están entre los personajes principales, del drama original, y de la adaptación de Lope. En el caso de Lope, nada más abrir el telón, se muestra a la Reina Isabel, al Rey y hasta a Santo Domingo, venido en un sueño desde el más allá, en el momento en que deciden poner en marcha la maquinaria de la Inquisición y proceder al Edicto de Expulsión. Lo curioso de este drama es que tanto en el original, como en la obra de Lope, Torquemada aparece mencionado, pero nunca sale a escena. Y hay otro personaje que Lope no menciona por su nombre, pero que en el texto original del juicio aparece mencionado varias veces, Abraham Seneor, en 1491, Rabino Principal de Castilla.

Procesión del inexistente niño, Santo patrón de La Guardia, Toledo. Su fiesta se celebra todos los años en septiembre. En la foto, la procesión de 1972.

El primer acto no transcurre ni en Toledo, ni en la Guardia, sino en Astorga, en junio de 1490. El día en que presentan ante el venerable Pedro de Villada a un cardador ambulante procedente de una remota localidad de Toledo llamada La Guardia. Se llama Benito García, es un converso, y confiesa el 6 de junio que en 1485 ha vuelto secretamente a la religión judía, alentado por otro converso de su pueblo, Juan de Ocaña. Y por un judío de la cercana localidad de Tembleque: Jucef Franco. No se habla de ningún crimen ritual, ni de ningún niño. Pero el Inquisidor Pedro de Villada tiene ante sí un caso “modelo” de justificación de la Inquisición. Y de la razón por la que Inquisición estaba abogando, sin demasiado éxito, ante la Corte: la expulsión de todos los judíos. Mientras existieran judíos en la Península, se convertirían en un polo de atracción para los conversos. Podían detener a todos los conversos, como Ocaña y García, porque, lo hubieran hecho sinceramente, por interés o forzados, una vez bautizados, ya eran cristianos para siempre. Era una categoría que no podían revocar; regresar al Judaísmo era apostasía, y conservar alguna de sus prácticas, herejía. Pero no podían poner la mano encima a un judío. Y menos aún cuando en la Corona había muchos judíos. Y dos, principalmente, estaban a la derecha de los Reyes: Abrabanel y Abraham Seneor, Rabí Mayor de Castilla. No debía ser muy gratificante para aquellos primeros inquisidores, convencidos de estar cumpliendo la misión divina de limpiar la cristiandad desde dentro, el perseguir conversos, culpar de su “corrupción” a los judíos, y verlos en la corte, al lado de los Reyes. Como tampoco debía ser fácil para los Reyes darles a los Inquisidores la plena libertad que pedían.

El Santo Oficio era un cuerpo de Asuntos Internos de la Iglesia, que podía actuar al margen de todos y que sólo respondía ante el Papa. Teóricamente; en la práctica de los Reyes., que bloqueaban el camino y cuyo propio poder en la Iglesia era el único camino para poder controlar a la Inquisición, que no estaba muy dispuesta a negociar con nadie sino a cumplir su misión. Como se vió tras el Edicto, aquella primera generación de la Inquisición no estaba dispuesta a perdonar a nadie, y apuntaron contra hombres de todos los estamentos, sin importarles el cargo, como en el caso del obispo Carranza. Pero los Reyes eran inalcanzables. Resultaría coherente pensar que el gesto de cruzar la línea y detener a un judío, era un mensaje directo para los reyes. Cuando detuvieron a Yucef Franco se extra-limitaron en su jurisdicción. Y sólo podían explicar aquello si se daba una circunstancia extraordinaria que lo justificara: es entonces cuando aparece por primera vez la mención a un crimen ritual, al asesinato. Sin detalles concretos, ni denuncia de desaparición, ni nombre del niño, ni fecha concreta. Y es en este punto dónde aflora, con toda su fuerza, la tradición más española en el texto de las confesiones sobre el caso, en el modo en que se obtiene esa confesión por medio de una artimaña, un “engaño a los judíos”, en los mismos términos en que se puede encontrar en “El Mío Cid” (entre otros), y que Lope usa en la parte cómica de la obra. Porque recomienda Lope “lo trágico y lo cómico mezclado”, puesto que “harán grave una parte, otra ridícula,/que aquesta variedad deleita mucho”. Yucef Franco estaba detenido en Segovia, el 19 de julio de 1490. Se encontraba enfermo y cuando el médico, Antonio de Ávila, fue a visitarle, Franco solicitó la presencia de un rabino. El médico se presentó en su segunda visita acompañado de un fraile, Alonso Enríquez, disfrazado de judío y haciéndose llamar Abrahán. Según la versión de Villada, el prisionero, utilizando varias palabras en hebreo, pidió al fingido rabino que comunicase al rab de Castilla, Abraham Seneor, que se encontraba preso por la muerte de un muchacho que había servido a la manera de “aquel hombre” para rememorar la crucifixión. Los venerables padres inquisidores pretendieron darle a la obra un aire de comedia de palacio. Las mejor pagadas. Implicar a Seneor era una forma de transformar el caso en una gran “conspiración” que llegaba a las más “altas esferas”, los judíos de la Corte misma. Seneor nunca fue citado a declarar, y en dos ocasiones Yucef Franco solicita su presencia y pide su ayuda; al fin y al cabo no es cristiano, y lo que están haciendo con él es una injusticia que incluye el tormento la tortura. Pero Seneor no aparece, como tampoco lo hace Torquemada, que da excusas para no aparecer por el juicio. Los locales fijos para la representación teatral no se construyen propiamente hasta el siglo XVI. Tal vez por eso los Reyes, Seneor y Torquemada no estaban muy dispuestos a dejarse ver por una comedia callejera de “autor y manta”. Y tal vez por eso las acusaciones que se vierten en el resto del proceso derivan a lo más rocambolesco y popular. La obra de Lope de Vega refleja, resumido, todo el ridículo entramado de la acusación original. Los acusados han seguido instrucciones para el ritual, nada menos, de un “rabino de Francia”.


Las cuevas de La Guardia donde supuestamente tuvo lugar el crimen.


El 27 de agosto de 1490 se inicia el Segundo Acto. Torquemada ordena el traslado a Ávila de todos los acusados. Además de Benito García y Juan de Ocaña, hay cuatro conversos más, todos de La Guardia: Alonso Franco, Lope Franco, García Franco y Juan Franco. Y dos judíos; Yucef Franco, de Tembleque; y Moshé Abenamías, de Zamora. Las acusaciones son de herejía, apostasía y crímenes contra la fe católica. Para entender el modo en que se obtiene el relato de las confesiones, la referencia teatral no es Lope, sino Cervantes, que no tuvo mucho éxito con el teatro, que era su verdadera vocación, pero tiene un entremés donde los conversos no quieren ser los protagonistas; “El Retablo de las Maravillas”. Unos cómicos llegan a una ciudad con un espectáculo increíble, un retablo, en el que se pueden ver cosas que antes nunca se han visto. Sólo hay un problema: si se es descendiente de conversos, o bastardo, entonces, no verá nada. Todos, incluido el cura y el Gobernador, acuden a la obra y, por supuesto, que nadie ve nada. Pero por temor a reconocer que se es descendiente de musulmanes, judíos o padres ilegítimos, todo el mundo dice estar viendo lo que los cómicos les dicen que vean. Los acusados en el proceso, en sus detalles sobre el crimen, siguen punto por punto todo lo que las leyendas describen. Y en los detalles coinciden, sorprendentemente, con lo que uno de los autores, Fray Fernando de Santo Domingo, escribe meses antes de las detenciones en un panfleto anti – judío.
Y nos adentramos en el tercer y último acto. Cuando Mel Gibson llevó a cabo su inefable “La Pasión” (2004) para el cine, utilizó para el tercer acto el mismo recurso que Lope de Vega para su obra y los Inquisidores para el original: tortura y sangre, mucha. Todo el tercer acto de Lope se desarrolla con la tortura detallada del niño. Y, para el gran final, efectos especiales: en el momento en que el niño muere, como indica la obra “Sube el niño con un artificio de nube”. Los inquisidores prefirieron el fuego.

Antón Martínez, notario de Ávila, recoge el relato de la ejecución del 16 de noviembre de 1491 El juicio casi ha durado un año, hasta que, por medio de la tortura y la persuasión, se ha logrado la confesión de todos los acusados. Cuando llega el momento final, Benito García, aterrorizado ante la idea de se quemado vivo, hace acto de contrición y reconciliación con la fe cristiana. Lo mismo hacen Ocaña y Juan Franco. Con esto lograron que se les matara antes de ser quemados por medio de un cruel y efectivo sistema que fratura el cuello llamado “garrote vil”, la pena capital nacional, como la horca para los ingleses o la guillotina de los franceses. En cuanto a los demás: “murieron atenazados (y quemados vivos a fuego lento) y buenos judíos, negando sus crueles errores, sin llamar a Dios ni a Santa María, ni hacer solamente un signo de la cruz; no roguéis a Dios por ellos, que sepultados están en el infierno”. La recaudación de aquella obra no fue muy cuantiosa, porque los acusados eran gente humilde. Sus bienes confiscados se dedicaron a financiar la construcción del monasterio de Santo Tomás de Ávila. Pero fue una obra de prestigio que logró su efecto: enardecer al público y ponerle a favor de la Expulsión, presionar a los Reyes desde la calle para que finalmente echaran a los judíos. El edicto se firmó unos meses después, Aquel Seneor al que Jucef Franco había pedido ayuda sin éxito, se convirtió al cristianismo y pasó a llamarse Fernando Coronel. Siguió siendo uno de los hombres de confianza de la Corona. El otro, Abrabanel, tras intentar por todos los medios dar marcha atrás al Edicto, se transformó en el líder de la minoría de los que se marcharon.

Monasterio de Santo Tomás de Ávila, joya del Gótico y residencia de verano de los Reyes Católicos. A pagar su construcción fueron dedicados los escasos bienes confiscados de los ocho acusados en el proceso de 1491.

Han pasado más de cinco siglos desde aquello. Aquel niño del que nunca se encontró el cuerpo, del que nunca se mencionó con seguridad su nombre ni fecha de nacimiento, fue elevado a los altares y es el Santo Patrón de La Guardia. Aunque se estatua se saca todavía a pasear cada septiembre, es dudoso que su argumento, o alguna de sus partes, sirviera como argumento para una película española actual. Hay que buscar en otras cinematografías. En 2006 se estrenó una “super-producción” turca, “Kurtlar vadisi – Irak”, dirigida por Sedar Akar y Sadullah Sentürk. Ha sido un éxito de público clamoroso. A nuestros ojos, la película es tan extraña como lo sería la obra de Lope representada, tal cual, hoy. “Kurtlar vadisi” es una versión turca de “Rambo”, donde los malos son los americanos y los kurdos y los buenos los turcos y los iraquíes. Hay una parte en la que se muestra lo que “verdaderamente” pasaba en la siniestra cárcel de Abu Ghraib: extirpación quirúrgica de las entrañas de los prisioneros para venderlas en el mercado negro para transplantes ilegales. La imagen con el destino donde van a parar los contenedores criogenizados con esos órganos es elocuente: Israel y Estados Unidos. Lo que tienen en común el caso de La Guardia con la leyenda urbana de los robos de órganos, es que España es el único país del mundo en que están documentalmente “probados”. Para el crimen ritual, lo del niño de La Guardia. En el caso del tráfico de órganos, por una investigación brasileña que recibió un premio de periodismo de la agencia Efe que, tras una investigación, tuvo que ser retirado por la falta de pruebas reales. Pero desarrollar eso ya constituiría un cuarto acto y se desviaría del tema principal, el sacrificio ritual, y como recomienda Lope, “adviértase que sólo este sujeto/tenga una acción”, que no se desvíe. Recomendación que siguió al pie de la letra en su siguiente comedia religiosa, con tema turco: “Los Mártires de Madrid”. En la que también hay torturas, milagros y conspiraciones. Con la participación estelar, como personajes principales, de El Gran Turco, el Rey de Hungría, muchos moros, un Alférez y tres soldados: un inglés, un francés y un alemán.

Órganos para el mercado negro de trasplantes, el verdadero secreto de la cárcel de Abu Ghraib según el super-éxito de taquilla "Kurtlar vadisi – Irak". Tel-Aviv/Israel es uno de los primeros destinos.

5 comentarios:

Colectivo Galiza-Israel dijo...

Buenos días. ¿Como es posible conseguir tu documental? Todáh

nacho cr dijo...

hola , soy Nacho Sánchez, actor y director de escena. estoy trabajando en este texto, por eso he leído tu artículo. Me presento, soy ateo, agnóstico, llamemósle como queramos. Intento no ser talibán contra confesiones religiosas, pero a veces me lo ponen difícil. Será más larga la reflexión, pero para empezar desde estas premisas trabajo la obra. Me gustaría resaltar como presenta los hechos Lope de Vega, primero muestra a una reina ala que se le aparece Santo Domingo y le pide expulsar a los judíos. Desde esa sanción a todas luces injusta, unos cuantos judíos deciden vengarse, y de ahí toma la leyenda del niño inocente de la Guardia. Entendiendo la sociedad de Lope, y la censura de la época (no olvidemos a la Inquisición) me parece valiente su tratamiento. Podría generar odio hacia los judíos por sus crueldades a una gran parte de los espectadores (por otro lado no creo que lo necesitaran) Pero también generar cierta simpatía por su injusta expulsión y trato en España a quien quisieraver o leer má allá. Creo que una puesta en escena hoy mostraría la visión de dos inocentes; el pueblo judío, y el pueblo cristiano-católico significado en el niño inocente. Las creencias de estos dos pueblos les abocan al desastre. Que cada uno crea en lo que le satisfaga pero que los agentes externos (en este caso el odio en las dos partes) no influyan en su vida. Esta creo es la lectura de Lope, y por supuesto la que me lleva a querer ponerla en escena. Si queréis comentar conmigo algo del tema no dudéis en escribirme: nachocrsanchez@hotmail.com. Gracias.

MBA dijo...

Hola, Nacho. Primero de todo, muchas gracias por tu comentario. Por un lado me impresiona bastante que quieras poner en escena una obra como esta, no por el contenido en sí, sino por la estructura de la obra misma y su carácter excepcional en la obra de Lope. Si adviertes las indicaciones para los tramoyisyas, verás que hay muchas. Compáralas con otras obras, y verás que hay demasiadas. No hay fecha segura de la obra, como sabes, pero estamos hablando de un momento en que a Lope le empiezan a amenazar su reinado "los tramoyistas", los de los "efectos especiales" a los que él tanto detestaba porque el teatro de "autor y manta" debía ser un teatro de "escucharse", no tanto de verse. En esta obra cede, y tanto la maquinaria que hace falta para llevar a cabo lo que indica, como las dimensiones del escenario (la procesión de Corpus Christi con todo y cabalgata, el baile de los gitanos, con una apertura de un solista masculino y la presencia de un cuerpo de baile)indican que es un montaje grande, para un gran teatro (¿Madrid? ¿Alcalá?). En este sentido creo que la obra fue "valiente" y me provoca curiosidad como lo vas a enfrentar, porque fuera de eso, de la grandiosidad efectista (especialmente en el tercer acto y su carnicería) la obra no tiene nada. Y ahora vamos con el contenido. Es absolutamente ortodoxa y despliega hacia los judíos un desconocimiento soberano. Hay pequeños detalles, como el asunto de la Bar Mitzvá a los 12 años (es en realidad a los 13) y otros pequeños detalles que indican que su conocimiento de los judíos es nulo. Y en cuanto a lo de la Inquisición, el mismo era "Familiar del Santo Oficio", que era un nombramiento a lo comisario del Sheriff para que la inquisición dispusiera de su propia gente. Uno de los privilegios asociados era el de tener que ser recibido, alojado y alimentado, gratuitamente, allá donde se fuera. Lo que para un cómico era algo muy útil. La obra es tan oportunista como lo fue Lope mismo. No hubo en él otra rebeldía que contra las formas y llegar a una serie de formulaciones sobre la escena realmente modernas pero para un hombre con una mentalidad absolutamente conformista con todo lo establecido. Decía Azorín que medieval. Ademas, como seguro que sabes, el trabajo y la investigación lo dedicaba a los sonetos, las comedias las podía escribir de una sola tirada en unas horas. Insisto, me provoca una gran curiosidad como vas a afrontar el texto porque su único sustento es lo macabro.

Y cuanto al aspecto religioso, en este caso, está en el origen de todo. Los Inquisidores iban a saco y por razones religiosas. Al menos, en la primera hornada, a partir de Cisneros la cosa se traquiliza y pasa al control de los poderes de siempre. Para la época de Lope es una institución tan podrida como el resto de las instituciones españolas y ya hace mucho tiempo que el Imperio español le ha puesto el cepo al Papa, con lo cual, pueden soltar y tirar del perro de la Inquisición según intereses que no tienen que ver con la religión. Pero en el momento del proceso, no hay otro motivo. Y el hecho de que todo el asunto, con su disparatado entramado, fuera creído da una idea precisa de su tirón popular. De otro modo, además, Lope no lo hubiera adaptado. No arriesgaba nada.

nacho cr dijo...

Hola MBA. Primero vamos a la puesta en escena. Creo que deberíamos olvidarnos de las puestas en escena del XVII, y entender que los convencionalismos son diferentes, obviamente si tuviera en mis manos un teatro nacional podría darme por la grandiosidad y efectismo, aunque lo dudo. Para mí la clave está en la primera escena entre Isabel y su 'sueño'. Eso y un poco de imaginería coloca la obra en su lugar, (obviamente hay más).
La valentía de la obra creo que está en dar una justificación a los judíos. No olvidemos que la historia oficial muestra las prácticas carniceras de los judíos y el niño inocente es una de las grandes justificaciones de la maldad de los judíos, y su necesidad de expulsarlos. ¿Por qué Lope parte de la expulsión y de ahí los ánimos de venganza? Probablemente porque no sea tan connivente con el poder como apuntas y como también dice Maravall de él y de todos los autores áureos. (Cómo nos verán dentro de 400 años) Creo que como a todos a Lope hay que leerlo mucho entre líneas. Hermano de la Inquisición, sí. ¿Por qué? ya hay historiadores que apuntan a la razón de su amancebamiento con Marta de Nevares. No olvidemos que Lope es también una especie de sacerdote y aquélla situación es incómoda. Si se hace hermano de la Inquisición se vuelve intocable. Hace no muchos años en este país había que tener carné de la Falange para poder trabajar, y eso no hace a todos los que lo tuvieran falangistas. Lope es católico, de eso no hay duda, pero en mucha de su producción se atisban dudas. Mi padre decía de un amigo cura suyo que era de los pocos que creían en dios, y se le notaba en sus dudas. Recomiendo la lectura de Lo fingido verdadero, junto al Castigo sin venganza, para mí la obra cumbre de Lope. En Lo fingido verdadero retrata la vida de San Ginés, y una lectura detenida, entre líneas volvemos a ver algo que yo atisbo en el niño inocente. La duda, la necesidad de ver las razones de los otros. En lo Fingido, Lope retrata a Diocleciano, emperador romano célebre en realidad por su persecución a los cristianos, como un emperador, noble, y justo que aplica las leyes sin ensañamiento. Es una lectura reconfortante, además de una grandísima obra de teatro. Quizás sea esa línea la que yo veo en el niño inocente. Y sinceramente, creo que sí, que Lope arriesgaba bastante. De ahí su genio.

MBA dijo...

Y más a mi favor: la justificación de la que hablas es estrictamente narrativa. El episodio real tuvo lugar antes y no después de la Expulsión. Al ponerlo después no sólo sigue a los cronicones, sino que fundamentalmente encuentra una justificación dramática a los personajes: ¿por qué un grupo de hombres haría algo tan cruel? Porque hay un motivo cruel que lo justifica. Dramáticamente es efectivo, pero hace que en el argumento quede implícita la validez de la acusación, no la fantasía con la que se justifica. La primera escena de la que hablas responde exactamente a la misma lógica dramática: ¿por qué expulsaron a los judíos los Reyes Católicos? Porque era "necesario" o, como llega a justificar Menendez Pidal de forma rocambolesca, "para protegerlos de la furia".

Por supuesto que Lope arriesgaba en lo escénico y la fórmula de la comedia en tres actos es una invención genial que le permitía llevara a cabo comedias rápidas, efectivas y de impacto en un formato en el que se aguantaba bien el "corta y pega". Cuando digo que no arriesga, me refiero a que su material de "cortar y pegar" siempre es seguro. Cosas que interesan previamente, o ya han funcionado antes, como es el caso de situaciones que calca de Plauto y Terencio o, en este caso concreto, un popular cronicón.

He abierto la obra para intentar leer entre líneas al modo que me dices, pero no lo veo por ninguna parte. Me aflora - en mi lectura, que no es LA lectura - el hombre de oficio, preocupado por articular sobre el escenario un espectáculo siempre en movimiento y con capacidad de entretener, no en pasar un "mensaje" o un contenido. Por supuesto que lo de hacerse intocable por el amancebamiento debe estar entre sus razones para el tema de la inquisición. Pero en su obra se ve más al hombre que quiere perdurar que otra cosa, el que se reclama genialidad y se ve,como él mismo dice, siempre sometido a los excesos. Al tipo del "oficio" que quiere llenar un teatro, cobrar las entradas y pasar a la siguiente. Cervantes, que tenía esa excepcional pericia, sí quería mensajes. Y no le representaba nadie (es más, la única obra que parece ser que tiene algún éxito, sobre su cautivero en Argel y que es la fuente de la leyenda de su bravía entre los moros es tan falsaría como la crónica "independiente" que se escribe sobre ella, que la hace él mismo y la firma con otro nombre). Es un momento de egomaníacos monumentales y escritores brillantes entre los que Lope destaca muy, muy por delante por su conocimiento de un público, y unos gustos.

Parece que tu obra tiene en realidad como protagonista a la reina Isabel (aún no católica en 1491 y 1492, otro de los anacronismos a los que Lope no presta ninguna atención ni da nucha importancia). Y ahí sí hay en Lope algo muy arriesgado y entre líneas, con ese Torquemada que nunca sale a escena y esos venerables padres inquisidores que para su época, de profunda corrupción, debían ser vistos como guardianes de las esencias y modelo de una situación a la que había que volver.

Al final, de forma curiosa, al repensar el texto y articular los mimbres entre los motivos de los personajes y el desarrollo de la acción, estás recorriendo la pregunta fundamental que tenía locos a los inquisidores: ¿por qué los judíos siguen siendo judíos? ¿qué tiene "eso" que provoca un efecto de imán tan poderoso? Por ignorancia y simple in-compatibilidad no encuentran otros motivos que ocultos, y nada más secreto y oculto que un crimen ritual. Pero el planteamiento del crimen en sí es una contradicción en términos. El judío que lo cometiera dejaría de serlo y la lista de "transgresiones" de la Ley Judía, la halajá, que contiene es muy larga, pero incluye dos de las tres más graves: idolatría y asesinato. Es inconsistente por sí mismo. El asesinato que responde a las características y motivos del que hablas se dio en Zaragoza y por mano de un converso, que se bajó a un Inquisidor.

En menudo jardín que te has metido... Tengo mucha, pero mucha curiosidad de ver algún día esa representación.