16.11.08

Israel: en la recta final.


Rumbo a Israel para llevar a cabo la última grabación en el kibbutz Guivatz Oz. Con la película se cierra el ciclo de una pregunta sin respuesta o, más bien, de una pregunta circular que sólo genera nuevas preguntas. No el clásico “¿quién es judío?” o “¿qué es ser judío?” sino el más pragmático “¿por qué ser judío?” y el más personal “¿por qué deberíamos seguir siéndolo nosotros?”.



Cierto día, hace casi un año, los productores entramos en una librería de Nueva York en busca de un libro de Rilke, y al abrirlo al azar aparecieron unas líneas: “Piense, señor, en el mundo que lleva dentro de sí, y llámelo aquello que será; si es un recuerdo de su propia infancia o un anhelo de su propio futuro – sólo preste atención a lo que despierta en usted y colóquelo por encima de todo lo demás que observe sobre usted. Lo que sucede en su yo más interno merece todo su amor; debe mantenerse, de alguna manera, en el trabajo sobre ello, y no perder demasiado tiempo y esfuerzo en aclarar su actitud hacia la gente”. Después de semanas de grabaciones, de contar con el privilegio y el honor de la confianza y la intimidad de todas las mujeres, al echar la vista atrás en todo este proceso, la película sin acabar ya ha dado sus primeros frutos. La pasión de los que han participado en ella. Y el desprecio indiferente de aquellos que insisten en incardinar lo judío en ciertas claves, las del conflicto y la cháchara intrascendente de las instituciones públicas.

En la recta final, todas las preguntas derivan en una pregunta más simple: ¿y a quién le importa una película sobre todo esto? A nosotros. Y, por el momento, eso es suficiente. O, al menos, es la única garantía de que todos estos meses y estas horas para lograr materializar un documental de menos de una hora pueden llegar a conmover a alguien con la misma pasión con las que nos hemos conmovido nosotros. No es poco.