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15.9.08

Rosa Lichtenstein Fridman Appel


Rosa Lichtenstein Fridman Appel
(Buenos Aires, 1939)

“¿Mi identidad?” – responde Nuria sin vacilaciones, hija de Rosa – “judía española. Askenaz. Sefardí, porque he nacido en España, que es sefarad. Con lo cual tengo un poco de… no sé, es un tema complicado”. Para Vered la respuesta de Nuria tiene un sentido más cercano porque tienen la misma edad, y son segunda generación de emigrantes con una visión del mundo, laica y sionista. Porque si Vered hubiera nacido en España, es posible que se hubiera educado en un hogar muy parecido al de Rosa.

“Soy judía por solidaridad con mi pueblo” – dice Rosa, que es una respuesta que Vered escuchó mucho durante su infancia en el Kibbutz. Pero en Rosa esa respuesta, más que una declaración de principios, es la conclusión de un proceso vital. Nació en Buenos Aires, en una familia askenaz de intelectuales procedente de Polonia. En casa se hablaba yiddish, pero no era un hogar religioso. Su padre era actor, y su madre miembro del Partido Comunista. Rosa y su marido emigraron a Israel. Rosa, como enfermera, tomo parte en la Guerra de los Seis Días (1967) y los conflictos de baja intensidad que se sucedieron entre Israel y Egipto, fundamentalmente, hasta 1969.

Su plan original no era emigrar a España. De hecho, Rosa y su marido llegaron a Madrid como ciudadanos israelíes, con una beca, y con la intención de sólo permanecer seis meses. Su plan era que el marido de Rosa siguiera sus estudios en Estados Unidos. “Hay un dicho español que dice; no se es de donde se nace, sino de dónde se pace” – dice Rosa. Un español insistió en que se quedaran, que en España había mucho trabajo. Hoy tiene cinco nietos, todos españoles.

Rosa y su marido también fueron muy activos en su propia comprensión de qué es ser judío. Son uno de los miembros fundadores y puntales de Bet-El, un oratorio conservador, no ortodoxo, que agrupa sobre a todo, a judíos argentinos askenazíes.

Eva Benatar

Eva Laitman Bohrer Benatar.
(Budapest, Hungría, 1944)

Nació en medio de un bombardeo aliado sobre Budapest. Sufrió desnutrición por causa de la guerra y sus recuerdos de Tánger no tienen el color que tuvieron para su madre. Rememora aquel tiempo antes de llegar a España como un momento extraño, que resume con una frase: “me recuerdo siempre subida en un árbol”.

Fue la primera de la familia en adquirir la nacionalidad española. Los Bohrer erán apátridas. En sus documentos españoles, había un sello negro que decía: “el portador de este documento no es protegido de España”. Mientras Eva estudiaba en Suiza, en una de esas coincidencias que tanto acompañaron la vida de su madre, un compañero de estudios se sorprendió de que no fuera española. Vivía en Madrid, hablaba español. “¿Cómo tú no vas a ser española con esa sonrisa tan española que tienes?”. Después del piropo le preguntó, en tono enigmático, si estaría en Madrid durante las vacaciones, y le pidió su número de teléfono. Y, en efecto, la llamó en Madrid para decirle dónde tenía que ir para rellenar “unos papeles”. Al inicio del nuevo curso, Eva ya era ciudadana española. Tras ella, vinieron el resto de los Bohrer. Pero el hecho de haber sido durante tanto tiempo apátrida “despertaron en mi la necesidad de encontrar mis raíces”.
Se casó en Francia, con un sefardí, y formó con él una familia, los Benatar, en la que se funden lo sefardí, y lo askenazí, lo francés y lo húngaro; lo marroquí y lo español. Trabajaron y vivieron en Francia y luego pasaron 12 años en Venezuela, y, cuenta Eva, que en todas partes deseó asentarse. En Francia no estaban en relación con ningún tipo de Comunidad judía. En Venezuela, sí llevaron a cabo una vida más judía, y Eva recuerda con cariño a sus amigos de entonces, y los buenos momentos. Pero “el país se iba degradando continuamente. Yo sentí que eso no era mi país y que tenia que volver, por lo menos, a Europa.”

Volvieron a Madrid. Y con sus hijos ya casados, con los primeros nietos y al final de su carrera profesional, Eva empezó a involucrarse en organizaciones femeninas judías primero, y luego, en la actual directiva de la Comunidad Judía de Madrid, en la que es Vice-Presidenta. “Yo había recibido mucho del Judaísmo y de mis raíces judías, que eran abstractas. Tuve la necesidad de acercarme a mi Comunidad porque así lo sentí, como algo congénito. Algo que me pertenecía. Y en esa comunidad estaban esas raíces, en esa comunidad y en mi. Pero no realmente en ningún país material”.

Casi sin querer Eva repite una frase de Melville; “no estaban en ningún mapa, los verdaderos lugares, nunca lo están”.