15.9.08

Kathy Bohrer



Katy Bohrer (Budapest, 1920 – Madrid, 2007)

Este es, sobre todo, el recuerdo de una entrevista. “Es mejor que empieza mi historia antes de nacer” - fue lo primero que dijo. Sus padres habían escapado de un progrom y habían ido a parar a Budapest, poco antes de que ella naciera. Recordaba su infancia como un momento feliz, y se casó muy joven. Pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de vida de los judíos de Budapest (que formaba en aquel entonces una tercera parte de la de la ciudad) se endurecieron enormemente. En el año 1944, los alemanes toman la administración directa de Hungría e inician a marchas forzadas la deportación de los judíos, especialmente en dirección a Auschwitz. Con un niño y una niña recién nacida, y su marido en un campo de trabajo, encuentra refugio en una de las Casas Seguras que el diplomático español Ángel Sanz Briz instaló en Budapest y gracias a la que se salvaron más de 5.000 judíos. Tras la llegada de los comunistas, Kathy cruza la frontera ilegalmente con toda su familia y logra llegar a Praga, donde les espera una documentación con la que llegar a Tánger. Kathy viene a España antes de la Independencia de Marruecos, en un momento en que resume como “cuando rompieron los escaparates de la Galería Lafayete dije, “Kathy, de aquí falta salir”.

Pero su relato no es un relato de fechas detalladas, sino de una vida vivida en etapas. Budapest, Tánger, “donde viví los mejores años de mi vida” y, finalmente Madrid, “que me encantó desde el primer momento”. Kathy no habla a lo largo de esa entrevista de una historia, sino de historias, de momentos, de las personas que fueron pasando por su mesa y entre las que jamás hizo ninguna distinción, ni, hasta la fecha, hay quien pueda recordar una ocasión en la que hablara mal de alguien.

Desde su llegada a España, ella y su marido fueron muy activos en ese grupo embrionario que se iba formando entre los judíos que iban llegando, sobre todo, desde Marruecos. Ese momento en el que no había ni un lugar en el que reunirse, ni una ley clara que permitiera a los judíos asociarse. La Comunidad Judía de Madrid les concedió a los Bohrer su primera Medalla de Oro en reconocimiento a medio siglo en, con y para la Comunidad. Pero al mismo tiempo, en ese medio siglo, Kathy fue testigo de la transformación radical del país. Y, en una mezcla de casualidades y coincidencias, cruzaron a Kathy en el camino de todo tipo de personalidades en la historia contemporánea de España. Cruzó Francia, rumbo a la frontera española, en el mismo vagón que el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal, con el que enseguida inició una conversación, en alemán. Años más tarde, cuando volvieron a encontrarse y ya Kathy hablaba español, el venerable académico le expresó su admiración por su capacidad de inventar nuevas palabras en castellano. Como él, fueron muchos políticos, artistas y otras personalidades los que se vieron alrededor de la mesa de Kathy, o contaron con Kathy entre sus invitados. Y, con todo el respeto, al contemplar su album fotográfico, se podría hacer aquel chiste de : “¿Quién es ese que está al lado de Kathy?”. “¿El alto?”. “Sí; es el Rey de España. Lo conoció en Tánger”.

Cuando se siguen los rastros de sus actividades, plato de comida en mano, se da uno cuenta de algo que ella jamás diría, porque, como del amor, no se habla, se siente. Fue, como lo aún lo es su marido, una incansable devota de la convivencia y el respeto, de la comprensión y del conocimiento, en acción, no en palabras. Su multitudinario entierro fue una muestra de respeto a alguien que eligió la vida.