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4.12.08

fin de rodaje

Se acabó. O empieza de nuevo. Stendhal escribió que una “ novela es un espejo que ponemos en el camino”. Una película no es una novela, pero como una novela no hace otra cosa que reflejar un mundo, tal vez el mundo, inaprensible, cíclico, imposible de definir en palabras. Todo empieza y acaba con mujeres y generosidad - si no son sinónimos. De madre a madre, de madre a hija. La grandeza de Katy Bohrer en Madrid, y la de Eni Kurlender en el Kibbutz Givat Oz, en Israel. Mujeres judías para las que ser judías se transformó en acciones, causas que generan efectos, preguntas abiertas. Que se resisten a las respuestas simples. Se finaliza el rodaje en Israel y antes de iniciar el último tramo, la postproducción, se hace inevitable echar la vista atrás y sentir vértigo y un punto de vergüenza. Vértigo por lo que queda, la finalización de un proceso. Y vergüenza ante el temor de no estar a la altura de las circunstancias, de no ser capaces de corresponder a la intimidad y la entrega con la que a lo largo de este proceso una larga lista de hombres y mujeres, judíos y no judíos, han dedicado su tiempo y su esfuerzo a contar una historia simple de madres e hijas, de encuentros y desencuentros en España. De matices en Sefarad. Perfiles. Vaya por delante el rendido y sincero homenaje a todos aquellos que, de forma directa o indirecta, han hecho posible todo esto.

2.10.08

SURCOS - תלם

En el transcurso de una entrevista, Kathy Bohrer relata como ella, una judía húngara superviviente de la II Guerra Mundial, fue la primera persona que visitó al nuevo Nuncio Apostólico de España. Seis años después, cuando Kathy ya ha fallecido, la misma anécdota en boca de su nieta, Claire, cobra otro significado.

La edición final de la pieza de ocho minutos que se presentó en el Festival de Cortos de Madrid y que es parte del largometraje.



15.9.08

Kathy Bohrer



Katy Bohrer (Budapest, 1920 – Madrid, 2007)

Este es, sobre todo, el recuerdo de una entrevista. “Es mejor que empieza mi historia antes de nacer” - fue lo primero que dijo. Sus padres habían escapado de un progrom y habían ido a parar a Budapest, poco antes de que ella naciera. Recordaba su infancia como un momento feliz, y se casó muy joven. Pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de vida de los judíos de Budapest (que formaba en aquel entonces una tercera parte de la de la ciudad) se endurecieron enormemente. En el año 1944, los alemanes toman la administración directa de Hungría e inician a marchas forzadas la deportación de los judíos, especialmente en dirección a Auschwitz. Con un niño y una niña recién nacida, y su marido en un campo de trabajo, encuentra refugio en una de las Casas Seguras que el diplomático español Ángel Sanz Briz instaló en Budapest y gracias a la que se salvaron más de 5.000 judíos. Tras la llegada de los comunistas, Kathy cruza la frontera ilegalmente con toda su familia y logra llegar a Praga, donde les espera una documentación con la que llegar a Tánger. Kathy viene a España antes de la Independencia de Marruecos, en un momento en que resume como “cuando rompieron los escaparates de la Galería Lafayete dije, “Kathy, de aquí falta salir”.

Pero su relato no es un relato de fechas detalladas, sino de una vida vivida en etapas. Budapest, Tánger, “donde viví los mejores años de mi vida” y, finalmente Madrid, “que me encantó desde el primer momento”. Kathy no habla a lo largo de esa entrevista de una historia, sino de historias, de momentos, de las personas que fueron pasando por su mesa y entre las que jamás hizo ninguna distinción, ni, hasta la fecha, hay quien pueda recordar una ocasión en la que hablara mal de alguien.

Desde su llegada a España, ella y su marido fueron muy activos en ese grupo embrionario que se iba formando entre los judíos que iban llegando, sobre todo, desde Marruecos. Ese momento en el que no había ni un lugar en el que reunirse, ni una ley clara que permitiera a los judíos asociarse. La Comunidad Judía de Madrid les concedió a los Bohrer su primera Medalla de Oro en reconocimiento a medio siglo en, con y para la Comunidad. Pero al mismo tiempo, en ese medio siglo, Kathy fue testigo de la transformación radical del país. Y, en una mezcla de casualidades y coincidencias, cruzaron a Kathy en el camino de todo tipo de personalidades en la historia contemporánea de España. Cruzó Francia, rumbo a la frontera española, en el mismo vagón que el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal, con el que enseguida inició una conversación, en alemán. Años más tarde, cuando volvieron a encontrarse y ya Kathy hablaba español, el venerable académico le expresó su admiración por su capacidad de inventar nuevas palabras en castellano. Como él, fueron muchos políticos, artistas y otras personalidades los que se vieron alrededor de la mesa de Kathy, o contaron con Kathy entre sus invitados. Y, con todo el respeto, al contemplar su album fotográfico, se podría hacer aquel chiste de : “¿Quién es ese que está al lado de Kathy?”. “¿El alto?”. “Sí; es el Rey de España. Lo conoció en Tánger”.

Cuando se siguen los rastros de sus actividades, plato de comida en mano, se da uno cuenta de algo que ella jamás diría, porque, como del amor, no se habla, se siente. Fue, como lo aún lo es su marido, una incansable devota de la convivencia y el respeto, de la comprensión y del conocimiento, en acción, no en palabras. Su multitudinario entierro fue una muestra de respeto a alguien que eligió la vida.

PROYECTO PERFILES: DE CASUALIDADES Y PASTELES.

Este proyecto comenzó en el año 2002, aunque ninguno de nosotros lo sabíamos. Por aquel entonces, los médicos habían desahuciado a Katy Bohrer (z’’l) y, por iniciativa de Julio Montero, que por aquel entonces dirigía un Máster de Documentales Históricos en la Universidad Complutense de Madrid, un equipo de grabación se desplazó a casa de los Bohrer y llevó a cabo una entrevista de algo más de dos horas con Katy. Además de su inconfundible encanto, en la vida de Katy y la de su familia se cruzan y entremezclan las circunstancias de los judíos de toda Europa y las particularidades de los de España. Los Bohrer son una familia askenaz que se vio sometida a las durísimas del nazismo. Y sin embargo, al lograr escapar de Hungría se refugiaron en Tánger, donde se unieron a la Comunidad Judía local, de marcado carácter sefardí. Cuando se inició el proceso de independencia de Marruecos, con la oleada de antisemitismo que ello conllevó, vinieron a España como parte de las familias judías marroquíes que llevaron a cabo la re-fundación real de la Comunidad Judía de Madrid. Katy Bohrer, además, había conocido en Budapest al diplomático español Ángel Sanz Briz (1910-1980) que, de forma independiente y a título personal, había salvado a más de 5.000 judíos húngaros en los terribles meses en que los alemanes se hicieron cargo de la administración directa de Hungría.
Katy falleció en el año 2007. Vered Kurlender llevaba pocos meses en España y había recorrido su propio camino hasta la Familia Bohrer. Ya entonces se había propuesto llevar a cabo un documental sobre el ser judío, donde la mujer ocupan un papel central. Durante meses se entrevistó con muchas mujeres de la Comunidad y encontró en Eva Benatar, la hija de Katy, alguien con muchos puntos en común. Como Katy, la madre de Vered también había muerto un Shabat, tras una larga agonía. Los que, casi sin querer, nos terminamos convirtiendo en los productores de este documental, nos conocimos precisamente en el entierro de Katy, y conocíamos a Vered por amigos comunes. Ya la habíamos escuchado hablar en varias ocasiones de su intención de llevar a cabo una radiografía del alma judía a través de sus mujeres en España, y de sus intentos por encontrar alguien lo suficientemente inconsciente como para acompañarla en el camino.

En enero de 2008 nos miramos y dijimos: adelante. “Vered, no te preocupes, nosotros lo vamos a producir”. ¿Cómo? Ni idea. La casualidad nos había unido a todos alrededor del recuerdo de Katy. Y así como ella había sido una mujer de una extraordinaria generosidad, que siempre tuvo una palabra amable para todo el mundo, tal vez la mejor forma de honrar su memoria fuera hacer con otros los mismo que ella había hecho con nosotros.
Julio Montero nos cedió las imágenes grabadas en 2002. Entre las muchas anécdotas con las que Katy desgrana su vida, estaba aquella sobre cómo sus pasteles habían dado pie a una larga amistad con el Nuncio Apostólico del Vaticano. Durante el segundo día de grabación, su nieta, Claire, contó frente a la cámara que la verdadera razón por la que Katy fue a la Nunciatura era porque ellos, sus nietos, para los que había hecho los dulces, no se habían pasado a buscarlos y ella, en un arranque, se los llevó a un húngaro recién llegado a Madrid. Casualidades y pasteles.

Pero eso ya es otra historia. Una de las que componen “Perfiles”.