15.9.08

Ana Bensadon


Ana Benarroch Bensadon
(Tánger, Marruecos, 1943)

En los años que transcurren entre la Segunda Guerra Mundial, 1945, y la Independencia de Marruecos, 1956, Tánger es una ciudad bajo administración internacional en la que se dan cita personas de todo el mundo, en un confuso flujo de refugiados, artistas, ricos y famosos. Pero Ana nació allí. Su familia desciende directamente de los judíos sefardíes expulsados en 1492 de España, que permanecieron en el Norte de África durante prácticamente cinco siglos. Muy pronto perdió a su madre y tuvo que ocuparse, a marchas forzadas, de reemplazarla en el cuidado de sus hermanos. Se casó también, muy joven y se trasladó a Madrid en 1967, donde ya vivía su marido, también originario de Tánger.

Su llegada a Madrid fue, en sus palabras “un shock”. De una gran comunidad judía asentada durante siglos en un mismo lugar, con sus propias instituciones, a un Madrid sin apenas judíos en el que no había un lugar en el que reunirse. De un entorno religioso, observante de la kashrut de los alimentos, a un entorno laico donde si quiera había la posibilidad de conseguir ciertos productos kasher. En otras palabras, de un lugar en el que era fácil ser judío, a otro en que había que esforzarse y querer serlo. La respuesta de Ana fue trabajar activamente para preservar la tradición.

Pero la palabra “tradición” en Ana es en realidad la etiqueta de dos grandes amores. La primera por su tía Esther, la mujer que se convirtió en su segunda madre y que, junto a su abuela, fue quien realmente la ayudó a salir adelante en el cuidado de sus hermanos. Para Ana, su tía era un ídolo y un modelo. Esther había fomentado la construcción de un orfanato para niños y, entre una de las muchas iniciativas que llevó adelante a lo largo de su vida, hizo revivir la ceremonia de la Berberisca. Una ceremonia de los sefardíes de Marruecos en las que las dos familias y los amigos se reúnen, antes de la boda, en una gran fiesta donde todo el mundo le canta a la novia y la cubre de piropos. Una de las piezas centrales de la ceremonia es el traje de la novia, que usara sólo para esa ceremonia. Es un traje tradicional, en que todos los elementos están plagados de simbolismos. Ana era la ayudante de su tía mientra vestía a las novias, en Tánger. Ana recogió el testigo en España y desde hace cuatro décadas, ha vestido para su fiesta a varias generaciones de novias.

El segundo amor, es la cocina. Entendida casi como una ceremonia; un acto que se convierte en un símbolo, que renueva el compromiso con cosas esenciales que no se pueden ver, ni oír. Ana ha recopilado recetas de la cocina tradicional sefardí a partir de los libros de su tía, de su abuela, de investigación y estudio. La pequeña parte visible de este esfuerzo está al alcance de cualquiera, en forma de libro: “Dulce lo vivas: repostería sefardí”. Se pueden encontrar allí recetas conocidas y desconocidas, galletas de ajonjolí, jarabillos de Shavuot o la tarta de almendra de Tita Hortensia. El libro tuvo un sorprendente éxito, incluso fuera de España, pese a que no está traducido a otra lengua.

“Gratamente he sido sorprendida – dice Ana – Porque las jóvenes cuando cogen una receta, no se ponen a hacerla inmediatamente. Llaman a su madre y le preguntan: “Oye, tú. ¿Tú cómo lo haces? ¿Me puede dar tu receta?”. Hemos conseguido que la chica joven mantenga una relación con su madre. Lo va a comparar con mi libro y luego lo va a hacer. Hemos conseguido un montón de cosas. Y ese libro va a perdurar, de madre, a hija”.