15.9.08

Leah Bendahan

Leah Blanco Bendahan
(Santonia Caritaria, Santander, España, 1961)

La paradoja de Leah Blanco es que su Judaísmo le pasó a través de su padre, lo que de alguna manera la colocó en una situación de tierra de nadie. “Judía” para los no-judios, y no-judía para los judíos, puesto que es la madre la que de acuerdo a la Halajá, transmite la condición a los hijos. Eso, o un proceso de conversión, que en el caso del Judaísmo, como religión no proselitista, es complejo y puede llevar años. Y el primero que tuvo que pasar por él fue, su mismo padre.

La familia Blanco es un ejemplo de esos extraños casos de pervivencia judía en España tras la expulsión de 1492. Esas familias descendientes de los judíos que se convirtieron al cristianismo para evitar marcharse de España y que mantuvieron, de algún modo, prácticas relacionadas con el Judaísmo, aunque en algunas ocasiones ni siquiera recordaran por qué. En el caso de los Blanco estaba la costumbre de no bautizar a sus hijos y de poner a los nietos el nombre de los abuelos fallecidos. Había más rastros como ese en su familia, pero fue en el transcurso de un viaje a Nueva York, a un congreso mundial de peluquería, donde su padre, de alguna manera, se encontró de sopetón con alguna causa. Llevaba barba, sombrero, se llamaba Isaac y se apellidaba Blanco. Los judíos asumieron que era judío y le invitaron a una cena de Shabat. Y en el transcurso de la cena, cuando le invitaron a hacer la bendición del vino, rompió a llorar. Ese proceso de conversión fue uno de los desencadenantes del divorcio de su mujer. Sus hijos, de forma progresiva, fueron tomando el mismo camino. ¿Por qué?

“No podía entender la vida de otra manera – dice Leah – para mi era todo”. La primera vez que pensó en convertirse fue a los 13 años y lo registró en un diario. El proceso en sí llevó 18 años y cuando por fin tuvo lugar, ya tenía dos hijas. Ser judía era su objetivo, todo. Tras la conversión se casó con un hombre que había sido uno de sus profesores en la preparación, Rab. Moshé Bendahan (homónimo del Rab de la Sinagoga de Balmes). Tuvieron una hija más, que ya no requirió de pasar por ningún proceso, y forman una familia religiosa entusiasta que es el alma de un pequeño oratorio, Jasdé Leah, que agrupa a un buen número de jóvenes de judíos madrileños.